Rocío Molina

Caída del cielo

19 de julio

22:00h | Jardín de los Zuloaga

Para todos los públicos
80 min
Entradas numeradas
Precio general: ZONA A: 26€ | ZONA B: 21€

 

Wine bar: Diaita, editorial y club del vino. El recinto se abrirá media hora antes para poder acceder a la barra, que permanecerá disponible tras el concierto. 

 

MUSEG EN LA CIUDAD

Esta obra es un viaje, un tránsito, un descenso. A través de las luces y las sombras. Rocío Molina, guiada por su baile –que es intuición y materia-, nos precipita en el silencio, la música y el ruido de territorios desconocidos. Lo palpable y lo que se oculta a nuestros ojos se materializan en su cuerpo. Baila y establece una relación diferente con el suelo. Su baile nace entre sus ovarios y esa tierra que patea, convertido en la celebración de ser mujer. El flamenco que propone en Caída del Cielo ahonda en sus raíces y al mismo tiempo las enfrenta, colisionando con otras maneras de entender la escena y con otros lenguajes, en una expresión sin domesticar. Este descenso o caída es el viaje sin retorno de una mujer, pero Rocío no nos conduce ante la imagen invertida de El ángel caído, como le ocurrió a Dante en su Comedia, sino que nos lleva a un espacio de profunda libertad. En el camino se quiebra el alma, sumergida en un mar denso y opaco, en un paisaje oscuro plagado de luciérnagas que nos elevan hacia paraísos oscuros.

Esta obra es un viaje, un tránsito, un descenso. Desde un cuerpo en equilibrio a un cuerpo que celebra ser mujer, inmerso en el sentido trágico de la fiesta. Carlos Marquerie.

Coreógrafa iconoclasta, Rocío Molina ha acuñado un lenguaje propio cimentado en la tradición reinventada de un flamenco que respeta sus esencias y se abraza a las vanguardias. Radicalmente libre, aúna en sus piezas el virtuosismo técnico, la investigación contemporánea y el riesgo conceptual. Sin miedo a tejer alianzas con otras disciplinas y artistas, sus coreografías son acontecimientos escénicos singulares que se nutren de ideas y formas culturales que abarcan desde el cine a la literatura, pasando por la filosofía y la pintura.

Bailarina inquieta, Rocío Molina nace en Málaga en 1984. Empieza a bailar a los tres años, con siete esboza sus primeras coreografías, a los diecisiete se gradúa en el Real Conservatorio de Danza de Madrid con matrícula de honor y entra a formar parte del elenco de compañías profesionales con gira internacional.

Cumple veintidós estrenando Entre paredes. Una primera pieza a la que siguen otras creaciones propias que tienen en común una mirada curiosa y transgresora sobre un arte flamenco que huye de los caminos ya transitados: El eterno retorno (2006) Turquesa como el limón (2006), Almario (2007), Por el decir de la gente (2007), Oro viejo (2008), Cuando las piedras vuelen (2009), Vinática (2010), Danzaora y vinática (2011), Afectos (2012), Bosque Ardora (2014) y Caída del cielo (2016).

Tiene veintiséis años cuando el Ministerio de Cultura le otorga el Premio Nacional de Danza por “su aportación a la renovación del arte flamenco y su versatilidad y fuerza como intérprete capaz de manejar con libertad y valentía los más diversos registros”.

Y veintiocho cuando Mikhail Baryshnikov se arrodilla ante ella a las puertas de su camerino del New York City Center, tras la representación con atronador éxito de Oro viejo.

Desde 2014 es artista asociada al Théâtre National de Chaillot en París donde en noviembre de 2016 estrena Caída del cielo, su última pieza.

Danzaora versátil, Rocío Molina es una de las artistas españolas con mayor proyección internacional. Sus obras se han visto en teatros y festivales como el Barbican Center de Londres, el New York City Center, el Esplanade de Singapur, el Festival de Otoño, Madrid en Danza, el Festival SPAF de Seúl, el Festival Dance Umbrella, el Festival Flamenco de Dusseldorf, el Mercat de les Flors, el Chaillot de París o el Bunkamura de Tokio; y en templos del flamenco como la Bienal de Sevilla y el Festival de Jerez, por citar solo algunos.

A lo largo de su carrera, ha colaborado con grandes figuras del flamenco nacional como María Pagés, Miguel Poveda, Chano Lobato, Pastora Galván, Manuel Liñán, Belén López, Manuela Carrasco, Antonio Canales e Israel Galván, y con nombres de la creación escénica contemporánea como Carlos Marquerie, Mateo Feijóo y Sebastién Ramírez.

Su búsqueda artística ha sido reconocida con premios dentro y fuera de España (Premio Nacional de Danza, Premio Mejor Bailaora de la Bienal de Sevilla, Giraldillo a la Mejor Coreografía, Premio de la Crítica Flamenco Hoy, Premio de la Crítica otorgado por la Cátedra de Flamencología de Jerez, Medalla de Oro de Málaga, Premio Max 2015 de la mejor coreografía por Bosque Ardora, Premio especial de los Dance National British Awards en 2016, Premio Giraldillo al Baile de la Bienal de Sevilla 2016) y con el aplauso unánime del público y la crítica: “Una bailarina superdotada e inteligente” (EL MUNDO), “Es como la potencia nuclear del interior del átomo” (STANDARD), “Un talento nato del baile más racial” (El PAÍS), “Es la pasión encarnada, urgente, casi al rojo vivo, que se apodera del cuerpo y lo mueve, lo traslada, espasmo a espasmo, y lo llena de rabia y de belleza” (LA VANGUARDIA), “Una de las mejores bailaoras de flamenco que jamás haya visto” (THE NEW YORK TIMES).

Codirección artística, coreografía y dirección musical: ROCÍO MOLINA

Codirección artística, dramaturgia, espacio e iluminación: CARLOS MARQUERIE

Baile: ROCÍO MOLINA

Guitarras: EDUARDO TRASSIERRA

Cante, bajo eléctrico: JOSÉ ÁNGEL CARMONA

Compás, percusiones: JOSÉ MANUEL RAMOS “ORUCO”

Percusiones, electrónica: PABLO MARTÍN JONES

Dirección técnica e iluminación: ANTONIO SERRANO

Sonido: JAVIER ÁLVAREZ

Regiduría: REYES PIPIO

Ayudantía de producción: MAGDALENA ESCORIZA

Una producción de: DANZA MOLINA S.L. / THÉÂTRE NATIONAL DE CHAILLOT (PARIS)

En colaboración con el INAEM.

Rocío Molina es artista asociada del Théâtre National de Chaillot (París).

En colaboración con:
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